Día gastro-cultural-musical: primero comida en el magnífico restaurante Metro Bistró, muy recomendable no sólo por los platos, que están espectaculares (croquetas, steak tartare, hamburguesa, perla negra -risotto con chipirones rellenos y una salsa riquísima-), sino por el servicio, atento y amable, con una explicación pormenorizada de cada uno de los platos, lo cual se agradece.
Luego para hacer tiempo antes de la exposición, unos refrescos en el Art Decó, cerca del Congreso de los Diputados, que merecerá una visita más adelante con el estómago más vacío y el tiempo suficiente. Ya en el Thyssen, recorrido boquiabiertos y ojipláticos por los cuadros de Edward Hopper, el pintor de la soledad. Obras maravillosas, con un estilo totalmente reconocible e icónico.
Por último, recital de Pablo Moro en el Buho Real. Buen letrista, buen intérprete: todo un lujo por muy poco dinero.
Quién puede pedir más? Yo mismo: mañana, concierto en el Bernabéu con Bruce Springsteen & the E Street Band!!
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domingo, junio 17, 2012
viernes, noviembre 18, 2011
Tarde lluviosa de viernes
Tarde lluviosa de viernes. Mi acera reflejaba hoy las luces de las farolas, mientras yo apuraba mi andar pausado. Una parada de autobús se convirtió en el mejor hogar de la ciudad, desde donde contemplar ese maravilloso espectáculo que es ver las gotas de lluvia salpicando delante de los faros de los coches.
Por unas horas, olvidé mi escasez de pasado y mi exceso de futuro. Volví a sentirme joven, inocente, cargado de ahora; por unos momentos, el fracaso se disfrazó de esperanza y la pesadumbre aligeró su negra carga.
El primer noviembre de la década se ha convertido de pronto en mi primer aliado, en mi cómplice, en un compinche de juergas y borracheras juveniles. Pero también puede ser un lúgubre invitado, el oscuro pasajero interior, convidado de piedra pálido y huraño.
Por unas horas, olvidé mi escasez de pasado y mi exceso de futuro. Volví a sentirme joven, inocente, cargado de ahora; por unos momentos, el fracaso se disfrazó de esperanza y la pesadumbre aligeró su negra carga.
El primer noviembre de la década se ha convertido de pronto en mi primer aliado, en mi cómplice, en un compinche de juergas y borracheras juveniles. Pero también puede ser un lúgubre invitado, el oscuro pasajero interior, convidado de piedra pálido y huraño.
sábado, octubre 01, 2011
Otoño
Otoño
Desde mi ventana vi los árboles palidecer
Y caras sin rostro que me hicieron añorar el otoño
Las aceras sin alma me recordaron cuán duro es caminar
Sin un sueño en la piel ni en el horizonte
El viento del norte resonaba en mi mente
No supe amarrar lo imposible
Por eso perdí el tren de una vida que ya no era mía
Aunque así lo quise creer durante un tiempo
Sí, aún me acuerdo de los árboles, las farolas, los coches y viandantes
Pasaban ráudos detrás del cristal
Pero aquella no era mi ruta y di rienda suelta al olvido
Antes incluso de vivirla, antes incluso de perderla
Ahora las pisadas sobre las hojas secas son mi única compañía, mi delicioso pesar
Quizá este sendero me lleve de vuelta a casa
Creo recordar el camino, conservo ese pequeño brillo en la mirada
Ese que me liberó, aquel que me hizo zozobrar
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