lunes, octubre 20, 2014

New York - y 3

Ya de vuelta de NY y tras unos días en Madrid descansando y poniendo los biorritmos de nuevo al compás de este lado del mundo, sólo diré sin rubor, que aquella ciudad es simplemente una auténtica pasada. Un maremágnum de ruido, gente, músicas diversas, sirenas de ambulancias y de la policía, rascacielos, obras de teatro, musicales de Broadway; una Babilonia de nuestros días donde los vagabundos se tropiezan y entremezclan por las calles con los ejecutivos de Wall Street, los actores con los obreros de la construcción y las modelos con la gente normal que vive en Brooklyn y en Queens y que viaja cada día a ese planeta, cercano y lejano a un tiempo, llamado Manhattan. No diré que me gustaría vivir aquí, porque en este momento de mi vida quizá sería lo último que quisiera hacer. Pero pasar una temporada debe ser la mar de interesante, aunque sólo sea porque aquí se cuece todo lo que culturalmente luego influirá en el resto del planeta.

Como no teníamos wifi gratuito en la habitación, no pude subir las entradas al blog según íbamos finalizando cada jornada. Aquí va un resumen de lo que hicimos cada día:

Día 4 (jueves 9 de octubre):

Después de regresar en tren a NY desde Hartford -el madrugón fue de antología, pues teníamos billetes para las 6:30 A.M.- aparecimos de nuevo en la Penn Station, sobre las 9 y pico de la mañana. Aprovechamos para ver unos abrigos para un amigo en una tienda de efectos militares cerca de la 7ª av., pero resultó que dicha tienda estaba cerrada por vacaciones. Así que como teníamos hambre, era casi la hora de almorzar y apenas habíamos desayunado, nos fuimos en busca de los muy famosos perritos de Grey Papaya. Sin embargo, también esto nos salió al revés, pues resulta que el local que siempre había estado abierto por la zona, cerca del Madison Square Garden, llevaba cerrado desde hacía una buena temporada, de lo cual fuimos amablemente informados por un poli al que preguntamos. Nuestro gozo en un pozo.

Para desquitarnos, nos fuimos a comer a Junior's, cerca de Times Square. Aquí sirven la tarta de queso más famosa de la ciudad (o por lo menos eso es lo que ellos publicitan sin rubor). No podemos verificar tal afirmación, aunque sí pudimos comprobar que, como mínimo, está buenísima.

Empezábamos a estar de nuevo muy cansados, por el efecto -todavía- del jet lag, así que decidimos ir de nuevo al hotel. Pilar fue a comprar entradas para un musical en el famoso puesto TKTS de Times Square, donde ponen a la venta con muy buenos descuentos entradas que han dejado de venderse en los espectáculos de Broadway. Finalmente consiguió entradas para Los Miserables y allá que nos fuimos por la tarde a verlo. Creo que jamás he disfrutado tanto en un musical. Un montaje y unas interpretaciones excepcionales. Otro nivel, claro, el nivel de Broadway.

Día 5 (viernes 10 de octubre):

Este día lo aprovechamos para hacer otra de esas actividades típicas de turistas, y que son imprescindibles, en una primera visita a NY: ir a ver la Estatua de la Libertad. Para aprovechar la mañana, decidimos primero ir a dar un paseo por la zona, el sur de Manhattan, y ver el World Trade Center y su nueva torre que sustituye a las torres gemelas, el edificio One World Trade Center. Este coloso, cuya obra está prácticamente finalizada, es visible desde cualquier punto de la ciudad. Hicimos mil fotos y después nos fuimos a hacer algunas compras, para finalmente, dar un paseíto por Wall Street, ver un poco la calle donde se deciden los destinos y las crisis económicas del mundo, y, dando un pequeño paseo hasta el río, acabar en la estación de donde salen los ferrys que van a Staten Island. Estos ferrys son gratuitos y todos los turistas los toman porque ofrecen las mejores vistas de la Estatua de la Libertad, junto con el Skyline al fondo del sur de Manhattan. La travesía del ferry no dura mucho y hay que procurar tomar asiento en estribor (derecha del barco), puesto que es el lado del barco que pasa junto a la estatua y ofrece las mejores panorámicas. Al llegar a Staten Island, se coge de vuelta el mismo ferry. Pero atención, hay que bajarse del ferry, dar un rodeo en la misma estación y volver a subirse al barco, esta vez en la parte de babor (izquierda) para volver a gozar de las vistas imponentes de uno de los monumentos más fotografiados del mundo.

Una vez en tierra, cogimos un taxi para ir a comer. Nos habían recomendado un restaurante por la zona, cerca de la 1ª av., el famoso Katz's que aparece en la peli 'Cuando Harry encontró a Sally'. En este restaurante que ofrece sus famosos sándwiches de pastrami a 19 $!, el personaje de Meg Ryan tuvo su famoso orgasmo fingido ante Billy Crystal. El local estaba absolutamente lleno hasta arriba de gente, con lo que no pudimos conseguir mesa. Como teníamos antojo de pastrami, nos fuimos a un deli de la zona y nos tomamos uno bien bueno. El sitio elegido no era tan famoso como Katz's y sus sándwiches no eran tan caros, pero nos lo tomamos con ganas y buen apetito, tras la mañana intensa que habíamos tenido.

Tras el banquete de pastrami nos fuimos a dar una vuelta por la zona en busca de China Town y Little Italy. Caminamos un poco por las calles exóticas de estos barrios neoyorquinos, con sus bazares y sus balcones adornados con la bandera italiana. Nos topamos casi por casualidad con el café que han abierto hace poco que conmemora el 20 aniversario del estreno de la serie Friends. La cola para entrar daba la vuelta a la manzana. Le hicimos unas cuantas fotos a la parte exterior y al interior desde la ventana. No dio para más. Y el intenso día también empezaba a cobrarse factura en nuestros doloridos pies. Así que tomamos taxi de vuelta al hotel, para descansar y vivir nuevas aventuras en NYC.

Día 6 (sábado 11 de octubre):

Hoy nos ocurrió algo que a los visitantes primerizos de NY les suele ocurrir con frecuencia: nos perdimos en el metro. O más que perdernos, tomamos una línea express de las que no paran en ninguna parada hasta que llegan al final. Nuestra intención era haber ido al museo de Historia Natural, pero cual fue nuestra sorpresa cuando al tomar el metro en Times Square nos dimos cuenta de que el convoy no paraba en ninguna estación. Vimos pasar de largo la parada que nos dejaba al lado del museo y cuando por fin paró, en algún sitio del norte entre el Harlem y el Bronx, cogimos otro metro de vuelta, que nos hizo la misma jugada, hasta Times Square. Finalmente, pudimos comprobar que incluso a los propios oriundos les pasaba lo mismo, puesto que muchas veces durante el fin de semana cortan líneas o cambian ciertos trayectos para realizar obras en el metro. En cualquier caso, perdimos una hora entera dentro del metro de NY, aunque bueno, bien visto, por lo menos pudimos ver que cogiendo uno de estos trenes express, puedes atravesar la ciudad de punta a punta en unos pocos minutos... Finalmente decidimos coger un taxi e ir Central Park, con la intención de visitar el edificio Dakota donde vivió John Lennon y que está junto al parque. Antes habíamos tomado un pequeño refrigerio en un sitio muy finolis y muy pijo llamado Tavern on the Green. Daba no sé qué poner nuestros molidos y vulgares pies en un sitio tan distinguido... A continuación, nos dirigimos a la calle 72, donde nos hicimos unas fotos junto al edificio Dakota y también en el memorial John Lennon -también conocido como Strawberry Fields- que queda cerca, ya dentro de Central Park, donde los fans de los Beatles tenemos un pequeño lugar de peregrinaje.



Ya he visitado los dos lugares más importantes donde vivió John Lennon en su vida: en Liverpool, en la casa de su tía Mimi, y aquí en NY, junto a Yoko Ono y su hijo Sean. Un mal día de diciembre de 1980 un tipo asesinó a Lennon pegándole 5 tiros, junto al portal del edificio Dakota al que regresaban tras promocionar junto a Yoko su disco Double Fantasy, en la famosa entrevista hecha por la revista Rolling Stone. ¿Qué estaría haciendo ahora John Lennon de seguir vivo? Quién sabe...

Nos dirigimos a Lincoln Center, para admirar el edificio de la ópera (me hubiera gustado hacer el Bill Murray junto a la fuente, dando vueltas con los brazos en cruz, pero no me acordé en ese momento....) y posteriormente, taxi mediante, al Rockefeller Center, donde pudimos contemplar la famosa pista de patinaje que sale en cientos de pelis y el edificio Top of the Rock, que junto al Empire State y el Chrysler, es uno de los rascacielos más famosos de la ciudad. A continuación aprovechamos para hacer algunas compras en Century 21th y en Barnes & Nobles para finalmente comer en un restaurante irlandés donde a Pilar le sirvieron un Bloody Mary realmente asqueroso...

Después de comer cogimos otro taxi para dirigirnos a la estación Grand Central y admirar su hermoso hall, retratado en cientos de películas de Hollywood. Es famoso su puesto central de dispensación de billetes e información, con el característico reloj en la parte del techo. En la planta baja de la estación se encuentra una especie de centro comercial, donde restaurantes como Junior's y cadenas como Apple tienen sucursal. Por último, nos dirigimos a la famosa biblioteca de la ciudad, que es posible visitar gratuitamente. Aprovechamos para hacer una pequeña parada allí. Y es que después de la visita a la estación y la biblioteca, nuestros pies empezaban a fallarnos con lo que tomamos taxi al hotel para descansar un poco.

Pilar estaba molida y decidió quedarse en el hotel, con lo que yo, que aún tenía energías, aproveché la tarde para dar un garbeo por la 5ª y la 6ª avenidas, tomarme un perrito en un puesto callejero y a continuación recorrer la calle 42, desde la 5ª av, hasta el edificio de las Naciones Unidas. En el regreso, compré algo de cena en un local de la cadena Pax Wholesome Foods y en uno de esos establecimientos tan característicos neoyorquinos en donde venden todo tipo de fármacos y que al mismo tiempo también es supermercado, Walgreens.

El día acabó con los dos molidos en la habitación tomando sopa italiana de vegetales y sándwiches de atún junto al televisor, viendo Housewives of Atlanta en el canal Bravo. No preguntéis.

Día 7 (domingo 12 de octubre):

Día de la Hispanidad, aquí conocido como el día de Colón (Columbus Day), es muy famoso el desfile que se realiza en la 5ª avenida para conmemorar el descubrimiento de América. Como no teníamos ánimo para aguantar varias horas de pie, decidimos aprovechar para intentar ir de nuevo al museo de Historia Natural, pero esta vez en taxi, para evitar sorpresas con el metro. Nosotros somos así.

Y qué decir de este museo? Que es absolutamente apabullante! No os podéis hacer una idea de lo que hay ahí metido... Los americanos son únicos en este tipo de cosas. El museo ofrece una visión completísima de toda la historia natural del planeta, desde el Big Bang que originó el universo, nuestra galaxia, el Sol, los planetas del sistema solar, la Tierra... Hasta el surgimiento de la vida en nuestro planeta, a través de los famosos dioramas del museo, esas pequeñas escenas recreadas con un realismo sorprendente. Igualmente son famosos los esqueletos fósiles de dinosaurios cuya colección es de las más completas del mundo.



Hicimos un millón de fotos en esta y en las demás salas. Este museo para verlo bien, es necesario hacer varias visitas y muy reposadas, tanta es la información y los objetos expuestos: meteoritos, minerales, recreación de la edad del universo mediante modelos a escala, especies disecadas de todos los reinos animales, muestras de la cultura de todas las razas y tipos humanos, la edad de la Tierra, Geología, Biología, Zoología.... Y eso sin contar con el apartado de la exploración espacial y el planetario, cuya visita con presentaciones sobre los misterios del universo en su pantalla-cúpula merecen muchísimo la pena. Con deciros que el museo hasta tiene en una de sus salas un moái de la Isla de Pascua... Por cierto, aunque lo estuvimos buscando, no fuimos capaces de encontrar al Dr. Ross Geller. Alguien sabe en qué departamento trabaja?

Tras la visita al museo acabamos los dos realmente exhaustos. Nos arrastramos hasta uno de los puestos callejeros que hay junto al museo y compramos un par de bocadillos (aquí toda la comida la ponen entre dos panecillos...) de cordero con todo tipo de cosas dentro, incluida salsa picante a cascoporro. Como estábamos hambrientos nos lo comimos con ganas. De postre compramos un pretzel, una especie de rosca que venden en todos los puestos y que es de origen alemán. El sabor y textura es un poco peculiar. Pero hay que probarlo todo.

Día 8 (lunes 13 de octubre):

Nos levantamos pronto para ir a tomar un brunch a Sarabeth, un local que nos habían recomendado, famoso por sus huevos a la benedictina. Hay que resaltar que el sitio es pijísimo, se llena enseguida, con lo cual es mejor reservar, y la comida está deliciosa. Si tenéis oportunidad de ir, no lo dudéis. Eso sí, el plato típico del local, los huevos a la benedictina, que los preparan de diferentes maneras, es una pequeña bomba hipercalórica. Un buen chute de energía para empezar el día con alegría. Por cierto, que antes de entrar al local, nos encontramos con el Carnegie Hall, en la calle 57 con la 7ª av, famoso y mítico teatro y sala de conciertos, donde han actuado los músicos más importantes de los últimos 100 años. Desde Tchaikovsky hasta Carole King, la lista de celebridades que han ofrecido conciertos aquí es larga e ilustre.

Esa mañana decidimos ir a visitar otro museo clásico de la ciudad, el MoMA. Este museo de arte moderno y diseño es famoso por sus pinturas, todas ellas expuestas en las plantas 6ª y 5ª. Con lo que conviene empezar la visita por el último piso. Allí encontraréis obras famosísimas que habréis visto cientos de veces en todos los manuales de arte del mundo: Hopper, Warhol, Pollock, Cezanne, Monet, Magritte, Toulouse-Lautrec, Dalí, Picasso, Juan Gris, Miró... De verdad, apabullante. Menuda colección.



El resto de plantas del museo están dedicadas al diseño de objetos cotidianos del siglo XX y obras de artistas más modernos de los 60 hasta nuestros días, incluyendo pinturas, esculturas, vídeos, y otras manifestaciones artísticas, algunas de ellas un poco demasiado modernas para nuestro gusto. Un lienzo en blanco, ¿puede ser considerado una obra de arte? En fin, sólo por lo que tienen en las dos últimas plantas del edificio, merece la pena la visita a este museo.

Después de la visita nos dirigimos a otro de esos puntos típicos de NYC: la joyería Tyffany's. Como buenos cinéfilos que somos y admiradores de la película 'Desayuno con diamantes', originalmente titulada 'Breakfast at Tiffany's', estuvimos visitando este lujoso establecimiento de la 5ª av. (hay otros por la ciudad, pero éste es el más famoso), donde se exponen joyas, collares, pendientes, anillos, vajillas y demás baratijas a precios prohibitivos... Por unos momentos, nos sentimos como George Peppard y Audrey Hepburn, salvando las distancias, claro...

Tras la visita a Tiffany's cogimos un taxi para otro destino cinéfilo: el puente de Queensboro. Comimos en un diner cercano y nos dirigimos a Sutton Place, zona pijísima del Upper East Side la ciudad, mil veces retratada en las películas de Woody Allen. Aquí se encuentra el famoso banco que aparece en el cartel de la peli 'Manhattan' y que intentamos recrear haciéndonos así como un millón de fotos sentados en el mismo.


Creo que el resultado final no ha quedado mal de todo, verdad? Uno de los sitios más hermosos de NY, quizá el que me resultó más especial. Es como una pequeña isla de silencio, junto al río, con ese hermoso puente cruzando ambas orillas del Hudson. Una maravilla.

Día 9 (martes 14 de octubre):

Iniciamos el día desayunando un brutífero (palabra inventada por mi hermana y que nos encanta porque es genial para definir de manera concluyente y gráfica cosas que se pasan de brutales) brunch en el Junior's de Times Square que ya habíamos visitado días atrás. Mi desayuno de huevos revueltos con salchichas, tomate, lechuga y tostadas me proporcionó energía para ese día y para los posteriores. De hecho, creo que mi organismo aún sigue alimentándose de él. Pilar optó por la tremenda carrot cheese cake, mezcla de tarta de zanahoria con tarta de queso, de cuya ración, servida por el restaurante para una sola persona como si cualquier cosa, podrían comer 5 fornidos hombres. Huelga decir que nos dejamos la mitad de nuestro brunch en el plato. Las raciones americanas son realmente exageradas.

Nos acercamos a TKTS con la intención de comprar entradas para alguna de las matinés en algún musical a mediodía. Pero dio la casualidad de que los martes sólo hay espectáculos por la tarde y por la noche, así que media vuelta! Cogimos taxi en Times Square y nos dirigimos a través del tráfico, las obras y los turistas despistados hasta el Flatiron building, una de las construcciones más famosas de la ciudad. Con forma de plancha o de proa de buque, nos sorprendió la belleza de este edificio, que alguno ya ha calificado como la esquina del mundo.

Después de lanzarle cientos de fotos, dimos un pequeño paseo por la 5ª av. viendo tiendas y contemplando estampas típicas de la ciudad. A la altura de la calle 14 hicimos una pequeña parada en la famosa y gigantesca tienda de instrumentos musicales, especializada en guitarras, Guitar Center. Me quedé obnubilado con las Fender, Gibson, Martin, Rickenbacker, etc. etc. etc. que vi allí. A precios desorbitados, sobre todo los modelos vintage. En algún caso los precios de algún modelo expuesto llegaban a ser como los de un coche. Y de los buenos.

Finalizamos el paseo en Washington Square, donde finaliza -o mejor sería decir, donde comienza- la 5ª av. Esta famosa plaza, con su arco retratado en cientos de miles de películas de Hollywood, es un agradable lugar para sentarse a descansar, tomar el almuerzo y contemplar las actuaciones de músicos callejeros que pululan por doquier. También es el comienzo del famoso barrio de Greenwich Village.

Después de descansar un buen rato en Washington Square nos dirigimos al Village con la intención de ver algunas tiendas de discos, respirar el ambiente del barrio y encontrar el famoso edificio de la serie Friends. Éste se encuentra en el cruce de las calles Grove con Bedford.



Tras el paseo por Greenwich Village, ya muy molidos, nos fuimos en busca del Café Reggio en el que se encuentra la famosa cafetera que aparece en la película El Padrino II. Frikismo cinéfilo a tope... Un taxi rápido y a descansar un poco en el hotel. Para la cena optamos por el restaurante temático Bubba Gump de Times Square, dedicado a la peli Forrest Gump. Si vais alguna vez, no pidáis el plato sureño 'Jambalaya' a no ser, claro, que os chifle el picante, pero picante hasta rabiar... Nosotros lo pedimos y lo dejamos prácticamente entero. El camarero se apiadó de nosotros y finalmente no nos lo cobró. Por lo demás, la visita al restaurante es toda una delicia para los que somos fans del entrañable personaje del condado de Greenbow, Alabama.

Día 10 (miércoles 15 de octubre):

Y llegó el final de nuestra luna de miel. Para este día optamos por hacer brunch en el famoso Carnegie Deli, en la 55th con la 7ª av. Un lugar mítico con cientos de fotos de famosos en las paredes, fans de los sándwiches de pastrami que sirve esta delicia desde los años 30 del siglo XX. Yo cometí la imprudencia de pedir un 'Woody Allen', porque me hizo gracia el nombre y porque sale mencionado en la peli del genio de NY, Broadway Danny Rose. Pero mi cara de alegría se tornó en preocupación cuando me trajeron el plato con el dichoso sándwich, del que podrían haber comido fácilmente 6! hombres fornidos -y esta vez, no exagero nada de nada- y además muy hambrientos hasta hartarse. No pude ni con la mitad del plato. Pilar fue más inteligente y optó por un sándwich 'normal', pero aún así le costó dar finiquito a su plato. Eso sí, el pastrami, delicioso. Como curiosidad, decir que las mesas en este local están totalmente juntas y comes codo con codo con otros comensales. Toda una experiencia.

Para nuestras últimas horas en NY optamos por coger un taxi y cruzar el puente de Brooklyn, una de las cosas indispensables y típicas que se supone hay que hacer cuando uno visita esta ciudad. Ya sabíamos que no podríamos verlo todo, pero por lo menos sí nos vamos con la sensación de que hemos hecho las visitas y las rutas imprescindibles. Curiosamente, no habíamos tenido prácticamente ninguna mala experiencia con ningún taxista, y eso que cogimos unos cuantos, hasta este último día en la ciudad. Y tuvo que ocurrirnos en este último viaje a Brooklyn. El taxista que nos cogió nos debió tomar por turistas estúpidos y no se le ocurrió otra cosa que meterse por Times Square, a pesar de que podría haber tomado otras alternativas con bastante menos tráfico. Se cobró con ello una propina del 60 % -en los taxis es costumbre entregar de un 10 a un 15 % de propina, como mínimo, aparte del precio de la carrera-. En fin, tiene que haber de todo. En general, los taxistas neoyorquinos son bastante eficientes y lo normal es que sepan evitar los embotellamientos, siempre que esté en su mano. O por lo menos nuestra experiencia hasta ese momento había sido así.

Estuvimos paseando por el DUMBO (Down Under Manhattan Bridge Overpass) junto al río y el puente de Brooklyn, con el skyline del sur de Manhattan de fondo. Fue el colofón perfecto a una luna de miel perfecta. Nos sentamos en un banco, paseamos melancólicamente junto a la orilla y sacamos fotos hasta desgastar el puente y los rascacielos de NYC. Sin duda, este viaje nos ha marcado para siempre. Esta ciudad y lo que hemos vivido en ella lo recordaremos por siempre.

Y no tardaremos en volver a visitarla. Nueva York es tan inmensa, hay tantas cosas por ver, que es imposible abarcarla en una primera visita. Con este viaje tan sólo nos hemos hecho una mínima idea de lo que puede ofrecer. El siguiente capítulo sobre NYC lo escribiremos próximamente. Y tenemos la esperanza de que hasta entonces no pase demasiado tiempo.